Los liceos uruguayos tienen la forma de un embudo: a medida que pasan los años, en especial en bachillerato, el cuello se hace más angosto y va dejando estudiantes en el camino. Es un embudo que privilegia a las mujeres sobres los hombres, a los que asisten más a clase, a quienes están acompañados por tutores, a los liceales de Colonia y Florida, y a los que llevan los cursos en fecha. Y al final de ese viaje, solo la mitad (51,8%) de los alumnos que llegaron y cursaron sexto año están habilitados para ingresar a la universidad.
El Monitor Educativo Liceal, presentado ayer, demuestra que parte de esa selección tiene un "efecto arrastre" y a la hora de echar culpas los consejeros de Secundaria pueden achacarle el problema a Primaria. Uno de cada cinco estudiantes que ingresan al liceo, por ejemplo, ya tiene uno o más años de rezago (eso que los técnicos llaman "extraedad").
Pero en lugar de hacerle frente al problema, la extraedad empeora en el transcurso del liceo. Es tal el agravamiento que entre los estudiantes de bachillerato cuatro de cada diez está cursando con retraso.
Secundaria tampoco logra revertir la enorme cantidad de inasistencias, asunto que ya en la escuela es el "talón de Aquiles" del sistema y que tiene una repercusión directa en los resultados del aprendizaje. Dicho de otro modo: "La exposición áulica trae buenos beneficios para la promoción", dijo Ana Olivera, directora del Consejo de Educación Secundaria (CES). Y esta asistencia a clase, aclaró, "vale tanto para estudiantes como para docentes".
Entre los estudiantes de ciclo básico que acumularon más de 36 faltas y menos de 50, solo la mitad fueron promovidos. Y entre los que sumaron 50 o más inasistencias, apenas pasó de año el 7%. En este sentido, las cifras son peores que las que el Monitor había arrojado un año antes.
No todas las dificultades de Secundaria son fruto del "efecto arrastre" o de cómo contener a los alumnos. En un programa que se basa en asignaturas, la nueva edición del Monitor vuelve a confirmar que hay materias filtro.
Matemática es la asignatura con menos promoción en el ciclo básico; tres de cada diez estudiantes pierden esa materia. Una proporción similar no promueve Física en primero y en tercero, o Historia en segundo. ¿Historia? Los técnicos aún no llegaron a una explicación, pero la consejera Isabel Jaureguy tiene la hipótesis de que puede haber "un problema en el programa o en lo que se les exige a los estudiantes a la hora de escribir y argumentar".
Lo de Matemática genera menos sorpresa, porque así ocurre en gran parte del mundo desde hace años. Sin embargo, la directora Olivera agregó que sí hay un problema puntual de Uruguay: "Es una asignatura con muy pocos profesores titulados".
Física y Matemática vuelven a figurar como las más "complicadas" en el tronco común del bachillerato, aunque puede que en la especificidad de cada orientación haya otras asignaturas con peores niveles de promoción. En cuarto y quinto de liceo, independientemente de la orientación, solo seis de cada diez estudiantes salva Matemática.
Pese a la dificultad que despiertan los números, la orientación Físico-Matemática es una de las que tiene mejor promoción en sexto año, solo superada por quienes eligen Arte y Expresión. En ambas opciones seis de cada diez alumnos salvaron todas las asignaturas. En Ciencias Agrarias, en cambio, fueron cuatro de cada diez los que se graduaron, siendo la orientación con peor promoción.
Pero entre las materias que son comunes al bachillerato, hay otras dos asignaturas filtro: Filosofía y Literatura. De hecho el inspector de Filosofía no participó ayer de la presentación del Monitor porque estaba reunido con su par de Historia en el interior del país en busca de mejorar el desempeño. "Aprovecharon el receso por exámenes (las vacaciones de invierno) para analizar con los docentes cómo mejorar la capacidad de los estudiantes en argumentar, debatir, exponer fundamentos", explicó Olivera.
En el polo opuesto, están las materias con mayor nivel de promoción. Educación Física, Inglés, Informática, Música y Educación Ciudadana son las que generan menos dificultades. Para la directora Olivera la explicación es que "son asignaturas en las que el estudiante tiene que hacer".
Más allá de los obstáculos, el Monitor también muestra que la repetición ha ido disminuyendo. Aunque aún "no conforma" a la dirección del CES, la tendencia en la caída es de siete puntos porcentuales en siete años.
Primaria, con guarismos bastante más bajos, está atravesando un proceso similar. Pero los técnicos sugieren tomar este indicador "con pinzas". Es que en tiempos en que la herramienta repetición está siendo discutida, los criterios para no promover a un estudiante están en constante cambio.
Este aspecto es interpretado por algunos docentes, en especial por aquellos afiliados a los sindicatos de profesores, como una flexibilización en la exigencia y una forma de "emparejar para abajo".
A la inversa, en la Dirección Sectorial de Planificación Educativa de ANEP sostienen que la repetición solo trae mayor fracaso y que es necesario buscar alternativas para que los estudiantes sorteen los obstáculos. Las autoridades insisten en que el liceo antes era para los que sobrevivían y tiene que tender a "incluir a todos".
A diferencia de los clásicos embudos que usan los niños en la playa o para llenar de arena los "amansalocos", el de Secundaria tiene una boca de entrada que cada año se hace más chica pero que se estira en segundo de liceo. Es que por la baja natalidad cada vez son menos los alumnos que salen de Primaria e ingresan a Secundaria. Aun así el liceo gana terreno y matrícula luego, gracias a la captación de jóvenes que antes abandonaban.
Esa seducción a los jóvenes se explica en la diversificación de programas. Si bien el 74% de los estudiantes de los liceos públicos cursan la reformulación 2006, el resto está repartido entre nueve planes distintos.
Los datos del Monitor revelan una migración del alumnado hacia distintos planes y una "democratización de la oferta", dijo Margarita Romero, directora de Planeamiento del CES.
De ahí que sea prioridad del Consejo mantener la diversidad de planes, "extender el tiempo pedagógico" y el acompañamiento personalizado.
Cuando el huracán María destruyó gran parte de Puerto Rico, el pasado septiembre, las autoridades tuvieron que reprogramar el sistema educativo. Necesitaban que los estudiantes recuperaran los días de clase perdidos, que pudieran trabajar fuera de las cuatro paredes del aula y que se plantearan desafíos ante la catástrofe. Fue así que optaron por el aprendizaje en base a proyectos (ABP), un método que ya se implementaba en algunas escuelas de Finlandia, Cataluña, Estados Unidos y Uruguay (el liceo San Ignacio, el Don Bosco y Los Pinos, por citar algunos ejemplos). Y como a los puertorriqueños el método les funcionó mejor de lo que esperaban, ahora quieren extenderlo a todo su sistema.
Aunque por Uruguay no pasó el huracán, sí llegó el espíritu del cambio y de que los mejores resultados se consiguen cuando los estudiantes tienen un reto. Por eso Secundaria camina hacia la metodología ABP, confirmó la directora Ana Olivera. De aplicarse tal cual exige la propuesta y no como un simple "proyecto" para coronar un curso, irían desapareciendo las asignaturas, los deberes y el centro serán los proyectos y desafíos a los que se enfrenten los alumnos para aprender los conocimientos; siempre trabajando en equipo.
Por tanto, el modelo exige un cambio en el sistema de elección de horas docentes y, sobre todo, una capacitación.
El País
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